Conocimientos

IMAGINARIOS SOCIALES: SEXO Y RAZA / UNA ENTREVISTA CON ALEJANDRO FLORES

Anotaciones al proceso por Mauricio Táquez Durán:

La segunda producción audiovisual de Divergencia Colectiva, como parte de nuestros aportes a la construcción de conocimiento y de nueva cuenta en alianza con Azacúan [Texto audiovisual] tiene como enfoque principal ahondar en los análisis del sexo y la raza como dispositivos determinantes en la construcción histórico-social del cuerpo, en este caso y para el contexto guatemalteco: Una construcción colonial que define el deseo y la experiencia sexual de los cuerpos inferiorizados.

Para el presente trabajo nos acompaña Alejandro Flores, sociólogo político y cultural de la Universidad Libre de Berlín. Ph.D. en antropología social con especialización en etnografía sensorial de la Universidad de Texas en Austin. Profesor de biopolítica, poder soberano y métodos visuales para el programa de estudios en Guatemala, Ideas-Avancso, de la Universidad de Arizona. Profesor de cursos monográficos de filosofía contemporánea para el programa de posgrado de la Universidad Rafael Landívar. Investigador del Instituto de Estudios sobre el Estado, de la Universidad Rafael Landívar. Y que en los últimos años ha trabajado la relación entre infraestructura, estética, política y violencia de Estado en el antropoceno y la Guatemala pos-contrainsurgente.

Alejandro, nos acompaña en representación del colectivo de pensadoras y pensadores involucrados en la producción del texto investigativo: “Sexo y Raza: Analíticas de la blancura, el deseo y la sexualidad en Guatemala” promovido por la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala (AVANCSO).

 

Sobre el texto en cuestión y su relevancia Alejandro nos comenta lo siguiente:

“La importancia de un trabajo sobre la articulación entre las formaciones de la sexualidad y la creación de regímenes de poder basados en la racialización de la sociedad, radica en por lo menos tres aspectos. Primero, tener la posibilidad de comprender cómo se ha producido históricamente la realidad sociopolítica de Guatemala, con el fin de estudiar la reproducción y perpetuación de las formas estructurales de racismo. Segundo, entender cómo estas formas de racismo estructural se manifiestan y multiplican en las prácticas de la vida cotidiana, especialmente en términos de la reproducción social de sistemas de parentesco basados en la ideología del mejoramiento racial, el blanqueamiento y la supremacía blanca. Tercero, pensar a la sociedad guatemalteca en términos más amplios, en los cuales las formaciones históricas de desigualdad y opresión quedan desnudadas, lo que puede permitir, eventualmente, el desarrollo de estrategias de acción social que permitan superar esos lastres y las injusticias que conllevan.”

Consideramos de gran importancia comentar y difundir el antes mencionado texto investigativo entendiendolo como una visión mucho más problematizadora sobre las estructuras raciales que organizan al estado guatemalteco desde su fundación y de cómo las mismas permean de gran manera nuestra experiencia sexual y nuestros deseos.

«La Raza es una creación de la Colonialidad y sigue siendo un dispositivo de poder para justificar la exclusión y la opresión en Guatemala»
Alejandro Flores

 

La Raza: Uno de los primeros inventos del Colonialismo:

“De Español e India, nace Mestizo
De Español y Mestiza, nace Castizo
De Castizo y Española, nace Española”

Clasificación de castas, Andrés de Islas, 1774

Para Alejandro, la creación del concepto de ‘Raza’ recae principalmente en la necesidad de crear un sentido común entre quienes dominaban en los inicios de la colonia, un concepto que estableciera, aunque de forma abstracta, diferencias suficientes para afirmar la supremacía de estos individuos por sobre los pueblos originarios. No se trata de afirmar que entre los seres humanos existían o existan razas, sino de entender el concepto como un dispositivo de poder para justificar formas de exclusión y opresión en concreto.

En este sentido, para nosotros era importante hacer especial énfasis en establecer las diferencias entre los términos etnia y raza. Entendiendo la etnia como un concepto analítico antropológico para estudiar grupos socioculturales y/o sociolingüísticos y establecer sistemas de análisis y diferenciación. Mientas que el concepto que la raza es el mecanismo de reproducción de estructuras de poder en las sociedades colonizadas.

La diferenciación de ambos términos es necesaria, dado que muchos espacios de análisis, formación y/o comunicación, interpretan ambos conceptos casi como sinónimos o incluso anteponen el término etnia en lugar de raza por corrección política. Sin embargo, creemos que este hecho muchas veces termina ocultando el trasfondo violento del imaginario social que constituye la raza como instrumento de dominación.

El Racismo como Estructura:

En un contexto como el guatemalteco, es vital la profundización del concepto de racismo. Es decir, entender el racismo más allá de sus formas y prácticas de discriminación explícitas y analizarlo como estructura y base organizacional de la sociedad guatemalteca.

Aunado a ello, como seres existentes dentro de sociedades eminentemente capitalistas, es fundamental hacer una reflexión sobre la importancia de la delimitación de roles productivos a partir de criterios raciales dentro de dicho sistema. Los cuerpos explotados y confinados a las labores mas inhumanas son estrictamente los cuerpos considerados inferiores en el espectro racial.

Esto, nos explica Alejandro, se genera y reproduce en base a una especie de ‘Economía de los cuerpos’, es decir, determinar aquellos cuerpos que valen y aquellos que no, o los que valen más que otros. En nuestro caso, a mayores rasgos caucásicos mayor valoración, mientras que a mayores rasgos indígenas menor valoración, lo cual puede traducirse en mayor o menor posibilidades económicas (entre otras muchas).

Sexo:

Como imaginario social, el sexo constituye un eje fundamental en esta plática, la sexualidad y los deseos que la originan estan profundamente interceptados por las nociones que el racismo ha instalado en nuestras mentes. En este caso nos referimos en concreto, al deseo de alcanzar la blancura mediante la sexualidad y la reproducción como mecanismo de abandono del cuerpo oprimido e inferiorizado que va desde el anhelo de aclarar la piel, abandonar idiomas, apellidos, lugares de origen, etc.

Al final, la raza y el sexo moldean los cuerpos y los orillan, por nombrarle de alguna manera, a olvidar, negar o borrar su condición originaria como estrategia de reducción de las opresiones que los atraviesan.

Los Cuerpos que Nadie Llora:

Alejandro cita a la filosofa Judith Butler y su cuestionamiento sobre ¿A quiénes se llora? o ¿A quiénes se llora más? aludiendo a las manifestaciones de odio y desprecio contra aquellas personas, indígenas y mujeres principalmente, quienes buscaban justicia en los años anteriores, por los casos de genocidio y esclavitud sexual que sufrieron sus familiares y grupos sociales por parte del Estado y sus aparatos represivos.

Esto en relación a que dichas manifestaciones reaccionarias, no suceden de igual manera en los casos de sufrimiento del cuerpo “blanco”, urbano y con mayores privilegios, al contrario, suelen ser muestras unánimes e incondicionales de solidaridad y empatía de parte de ciertos grupos sociales. Es importante aclarar, que con esto no buscamos caer en una peligrosa e irrespetuosa comparación o competencia de reconocimiento al sufrimiento, sino reflexionar y sobre todo entender, las razones por la cual el dolor de ciertos cuerpos importa más o menos que el de otros, cuál es la relación del concepto de raza en este hecho y por qué en Guatemala, como menciona Alejandro, hay algunos cuerpos y vidas, que importan más.

Racismo Sádico-masoquista:

Llamamos racismo sádico-masoquista al racismo que es funcional y dinámico emanando desde los sujetos que involucra dentro de su naturaleza, desde el sujeto beneficiario como del sujeto perjudicado. Sádico porque inflige dolor al otro, lo humilla y convierte en sumiso y Masoquista porque instala la idea de necesidad de ese dolor y humillación en el sujeto pasivo de la estructura racista quien lo recibe y asume como necesario.

Cuando Alejandro habla sobre Racismo Sádico-Masoquista, nos habla de la eficiencia de las relaciones raciales y su auto mantenimiento, desde el sujeto que por configuración social es el beneficiario del racismo y que encuentra satisfacción de la relación racial, hasta el sujeto que por configuración social es el perjudicado del racismo que encuentra normalidad o necesidad de la existencia de esa relación de poder.

Entendemos entonces que el racismo Sádico-Masoquista es en primera instancia una afirmación en cuanto a que el racismo es doloroso y se sufre, y que también ese dolor y sufrimiento han logrado de forma sistemática instalarse como necesarios y satisfactorios en la psique tanto del sujeto activo como pasivo dentro de la configuración racial de poder.

 

La Blancura es de Palo:

“Durante toda la noche pasó en lucha constante contra la madera, puyándola, queriendo atravesarla a puro huevo, pero la madera se resistía.”
El tiempo Principia en Xibalbá, Luis de Lión, 1984.

Para Alejandro no existe la blancura como elemento material sino como un imaginario, algo inexistente y por lo consiguiente inalcanzable. Esa aspiración de lo blanco deviene en un constante flajelo como sujetos racializados al instalarse en nuestro inconsciente la premisa de que la blancura nunca va a ser alcanzable.

El Dispositivo Sexo-Raza para las juventudes:

Como Divergencia Colectiva apostamos en todas nuestras propuestas a provocar la generación de nuevas perspecticas y discusiones desde y para las juventudes. La relevancia de este material se basa precisamente en discutir cómo jóvenes los imaginarios que interceptan nuestros deseos, que condicionan nuestra sexualidad a la búsqueda de cuerpos seleccionados a modo de moldearnos y desvincularnos de nuestra identidad originaria. Debemos entender que nuestra realidad inmediata no es ninguna casualidad, sino que esta formada directamente por un proceso profundamente violento de colonización. Y a partir de dicha noción, generar posturas firmes y profundas de transformación de nuestra condición corporal y socio-política con el único y sencillo fin de alcanzar nuestros propios goces y deseos.

“En otras palabras la hipérbole colonial, en tanto constitutiva del cuerpo, no es exterior, sino es el cuerpo mismo: es la herida, el trauma, la memoria y el olvido”
Alejandro Flores

2 mayo, 2019

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